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Jonathan (Borradores) +18 0 1 445

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#1
16 Sep 18 Hortaliza
* Cómo podría haber sido Jonathan y su relación de amante con Lirio, la madre de su pareja Alexander.

PRIMER BORRADOR

Extiendo mis brazos, semidesnudo, borracho sobre un tejado.

Suelto una risotada que retumba por toda la ciudad.

Muestro mis hileras afiladas de dientes, deformando mi mandíbula.

Mis pupilas rojas abarcan toda la cuenca de mis ojos, de un brillo que parece artificial.

Mis alas membranosas están desenvueltas, desplegándose majestuosas, tratando de cubrir la media luna en plena noche.

Me desabotono el pantalón y me bajo la bragueta, empiezo a mear.

No paro de reír, mientras veo como se desliza mi meada por las tejas, hasta verla caer sobre las personas que pasan por esa calle en concreto.

Me tapo los ojos, soltando risotadas como un crío, sacando mi lengua bífida.

Resbalo con mi propia orina, doy una voltereta en el aire, escondo mis alas rápidamente, ocultándolas en mi espalda y caigo al suelo en posición fetal.

"Así eran todas mis noches desde que Lirio murió por culpa de mi padre, el rey de los demonios, al poseer a su prometido para ayudarlo a estar con su amante, por mera diversión, un ángel de la que se enamoró dándome vida a mí, convirtiéndome yo en el amante de Lirio hasta conducirla a las puertas de la muerte.

Tratamos de introducir su alma en el cuerpo de mi madre para que se reencarnara, pero jamás volví a cruzarme con ella.”

La misión que mi padre me dio cuando cumplí la mayoría de edad era la de extender nuestra raza, engendrando vida con mis genes, mi ADN.

Me levanto con resaca, después de hacer el imbécil bebiendo hasta emborracharme y perder el sentido.

"Nunca se ni siquiera como vuelvo a mi apartamento."

He dejado embarazadas a mujeres de la corte llevándolas a la cama con el don de las palabras y usando un traje que me regalo Lirio de señor de la más alta sociedad, tras su muerte.

En la actualidad era justamente lo mismo, pero con alcohol de por medio, en discotecas, pubs o descampados.

"Cientos de hijos bastardos míos estaban ya repartidos por todo el mundo.

Cientos de demonios.

Podrían ser miles, pero una minúscula parte de mí no se sentía bien haciendo esto."

_Así de simples son.

Siento una punzada en el estómago, revuelto por todo lo que llevo bebiendo desde vete tú a saber cuántas noches.

Me meto en el baño, de rodillas, mientras sufro arcadas, vomito una cantidad considerable en el váter y me enjuago la boca.

Tras salir de mi trabajo en una pequeña tienda como cajero es ya de noche y repito la misma rutina.

Estoy sentado en la barra, cansado, ya he vuelto a perder la cuenta de las copas que me he bebido.

La música y las luces de los focos retumban e iluminan la discoteca.

Echo la cabeza hacia atrás, siento el alcohol por mi cuerpo otra vez, mis ojos desenfocados ven el rostro de una chica de no más de 18 años mirándome.

Es morena, tiene un flequillo recto y su cabello le llega por encima del trasero, su piel es pálida y sus ojos negros.

Va vestida con un vestido negro escotado de encaje, con unas rajas a los lados que dejan al descubierto sus piernas y unos tacones azul oscuro.

Sus manos están colocadas bajo mi barbilla, se inclina y me besa.

Con tan solo ese beso, unas finas lágrimas ruedan por mis mejillas.

"Por fin, estás aquí Lirio."

Fuera, bajo la luz de una farola, entre mis brazos, mi boca no se separa de la suya, cubriéndola de largos y apasionados besos, enroscando nuestras lenguas.

Mis manos se pierden por las curvas de sus caderas.

Ella se aferra a mi camiseta negra de manga corta, desabotonada por sus dedos.

Le arrastro bebiendo de sus labios, hasta robarnos el aliento contra el capo de mi coche, recostándola con suma delicadeza.

La contemplo, sobre él, con su melena esparcida, su vestido mostrándome su ropa interior, dejándola al descubierto queriendo, moviendo una pierna a un lado, apartando la tela, tirando con sus dedos del escote.

Como los pétalos de una rosa abiertos, expectantes, esperando a ser polinizada.

Enreda sus manos en mi pelo, acercando mi rostro al suyo, rozando nuestros labios, respirando a través del aliento del otro.

Recorre las comisuras de mis labios con las yemas.

Con las palmas de mis manos colocadas a los lados de su cabeza, mis brazos en tensión, tiemblo excitado.

Besa mis labios con dulzura, hundiendo su mano en mi nuca.

Aparto mi boca, jadeante, ruborizado.

_ ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¿Por qué has tardado tanto? ¿Por qué...?

Vuelve a besarme, recorriendo el interior de mi boca con su lengua, lamiendo la mía, nuestras salivas resbalan por las comisuras de nuestros labios, la siento hasta lo más hondo de mi garganta.

Grito débilmente.

Su rodilla frota mi entrepierna.

Mis pupilas se desenfocan, mi mente se queda en blanco, por culpa del alcohol.

Recupero la consciencia y despierto en mi cama.

Mi mirada borrosa enfoca a Lirio, está de espaldas desnudándose ante mí, en mi dormitorio.

Me incorporo sorprendido, en tensión, colocando mi espalda contra la pared.

Se sube a la colcha, trepando y arrastrándose por mi cuerpo semidesnudo, mi ropa está en el suelo.

Acaricia mi rostro, sosteniéndolo, mirándome con seriedad.

Hunde su boca en la mía, presionando mis labios contra los suyos.

Lame mi piel, desabrochando mi bragueta, tirando de mis pantalones, mis calzoncillos, despojándome de todo.

Beso sus pechos, lamo sus pezones y los pellizcos muy flojos.

Gime.

Mis dedos se pierden por sus muslos, su ingle, acariciándolos.

Meto uno, dos dedos en su vagina.

Grita excitada, sus caderas se mueven al ritmo del va y ven de mis dedos.

Los saco, aprieto sus nalgas y rodamos, envueltos en los brazos del otro.

Trepo entre sus piernas, adentrándome en su piel, penetrándola, despacio al principio y luego fuerte.

Se sobresalta, pero la retengo por las muñecas.

Me muevo dentro de ella, muy lentamente con movimientos suaves.

Nos miramos, deseosos.

Acelero, bruscamente.

Sus ojos brillan con la mirada perdida, tratando de zafarse.

No me detengo.

Gruño como un animal sediento.

Sobreexcitada, sus gritos aumentan, con una expresión desbordada de placer.

"Deseaba tanto tenerte así, otra vez."

Disfruto del ardor de nuestros cuerpos, frotándose, sus senos resbalando contra mi piel, sus manos aferrándose a mi espalda, estrechándome con fuerza.

Siento como se humedece.

Enloquecidos por la excitación, en pleno arrebato entre gimoteos y gritos, me corro dentro de ella.

Arrebatándole la virginidad a su blanca rosa por segunda vez, mojada y empapada.

Despierto a la mañana siguiente, el sol se filtra entre las cortinas.

No hay nadie allí, ella ya no está.

Una nota descansa a mi lado.

Lloro tapándome el rostro con un brazo.

"He violado a Lirio."

Nuestros encuentros siguieron repitiéndose de la misma manera, a pesar de lo que le hacía.

Cada vez voy bebiendo menos, tratando de recordar lo que hago todas las noches.

Desgarrones en la ropa, insultos, humillaciones.

La acorralo contra la pared, sujetando sus brazos en alto.

Con mi otra mano libre le lastimo en la parte superior de la vagina.

Tiro de su cabello, arrancándole mechones.

Siempre despierto rodeado cada vez de más notas.

Hasta que una mañana amanezco con ella allí, encogida, llena de moratones, sudorosa y llorando.

Trato de tocarla, pero se aparta mirándome con horror.

"Espera puedo... puedo explicártelo...

¿Explicar el qué?

Soy un violador, un depredador, llevo tantas generaciones haciéndolo que hasta incluso tratándose de Lirio he terminado sometiéndola."

Por fin me habla, en vez de dejarme otra nota.

"Ahora sabes cómo nos sentimos."

Helado, completamente en shock, me quedo de rodillas en la colcha con mi mano extendida ante ella.

Me sonríe con calidez, en sus ojos veo cariño y afecto.

Por un momento es como si viera reflejada a la verdadera Lirio, con su cascada dorada recogida en un tocado de joyas preciosas, sus ojos castaños con las pestañas rizadas y sus labios rojos.

Grito destrozado, tapándome los ojos mientras lágrimas rojas como la sangre brotan e inundan mis mejillas.

Respiro entrecortadamente.

Mis alas se despliegan, cayendo inertes sobre mi cama mientras me enjugo las lágrimas.

"Soy un monstruo."

SEGUNDO BORRADOR

La veo bajar por las escaleras.

Sus tacones altos para que se vean sus piernas hasta la altura de las rodillas, su falda dividida en medio por la mitad como si de cintura para abajo fuera una flor abierta.

La parte superior del vestido es ceñido con volantes, las mangas anchas al final, mostrando sus hombros, su cuello y su pecho, todo de distintos tonos de añil.

Contemplándola anonadado, como va bajando con su sencillez tan elegante.

Sus ojos están maquillados con sombra de ojos dorada, sus labios de un rojo intenso y claro y las pestañas rizadas.

Su cabello está recogido en ese estrafalario tocado que siempre se hace, adornado con finas hileras de joyas y colgantes.

Me toma del brazo y saludamos a los invitados con un brindis de champan.

Con timidez me ajusto la corbata y me aliso la chaqueta.

Se quita los guantes mordiéndolos y tirando de ellos.

_Estas perfecto.

Me alisa el cabello, peinándolo con sus manos.

Sonrojado, suelto un bufido y aparto la mirada.

_No te pases con la bebida. _Me susurra amenazante al oído.

Se pierde entre la multitud, la veo hablar y reír con cada uno de los invitados, a solas y en pequeños grupos.

Baila con todos los que se lo ofrecen uno o dos bailes.

Bebo a pequeños sorbos el champan de mi copa, sin moverme de la barra del buffet libre.

Cuando son las doce de la noche, se termina la fiesta y se despide de todos uno por uno.

_Estoy agotada. _Se queja llevándose una mano a la frente con un gesto exageradamente teatral.

Espera a que las puertas de la entrada se cierren.

Echo los pestillos y sostengo su mano, tocando sus dedos como si fueran de cristal.

_No seas tan delicado. Tómame. _Me pide.

La levanto del suelo, tomándola entre mis brazos.

Pasa sus brazos por mis hombros para agarrarse.

Subimos hasta el pasillo donde están el baño y los dormitorios.

Me estremezco y se me dilatan las pupilas al sentir una de sus manos por mi nuca.

_No, por favor. _Le pido en voz baja, tembloroso.

_Bájame. _Me ordena con dulzura.

Me inclino, hasta que sus pies tocan el suelo y se levanta.

_Gracias.

Me mira a los ojos, con calidez y felicidad.

Sonrió feliz.

_Siempre estoy a su servicio. Le esperare para darle su muda limpia.

Apoyado en la pared con su pijama limpio, lo huelo con tristeza, arrugándolo entre mis manos.

Escucho cerrar el grifo una hora después y abre la puerta.

Se asoma con tan solo una toalla cubriendo su cuerpo y otra enrollada en su cabello mojado.

Me ve y se entristece.

_Dámelo...

Su voz apenas se escucha.

_Lo siento. _Me apresuro a disculparme. _No era mi intención, invadir su intimidad de esta manera mientras se tomaba un baño.

_No, no. _Niega con un tono tan dulce. _Lucias hermoso, más que en las fiestas. Estabas mostrando tus sentimientos con tanta claridad.

_Tómelo, no quiero importunarle.

Le tiendo el pijama.

Nuestras miradas se encuentran.

Trata de sonreír, pero al ver mi tristeza no puede.

Sus labios y su boca hacen una mueca, arruga la nariz.

Solloza y así sin nada de maquillaje ni telas ni zapatos parece una niña pequeña.

_Hoy es nuestro aniversario. Hace otro año que sigo a su servicio. _Le digo con tono calmado para suavizar la situación.

_Si. Me cambio y bajamos a cenar.

Se sorbe la nariz y cierra la puerta.

Cuando sale con el pijama puesto vuelvo a tomarla en mis brazos.

El resto del personal tiene esta semana libre para no levantar sospechas, como todos los años.

Cenamos en silencio en el salón.

Terminamos y bajo el borde de una de las ventanas enormes y acristaladas del salón nos sentamos.

Vemos los jardines perfectamente cuidados y la luna llena, blanca y reluciente acompañada por las estrellas en el cielo.

Tumbado con mi cabeza sobre sus rodillas, cierro mis ojos mientras me acaricia.

Suelto un largo suspiro.

Desabotona mi chaqueta y me recuesto con más comodidad.

_Te ves precioso vestido así.

Mis mejillas arden con su piropo y las roza con sus dedos.

Continúa bajando, acariciando mis comisuras, mi mandíbula.

Entrecierro mis ojos y gimo al sentir las palmas de sus manos arrugando mi camisa blanca.

Me desanuda y quita la corbata.

Besa mi frente.

_Lirio no deberías... ah...

_Si.

Frota mis omoplatos por debajo de la ropa.

Abro los ojos de golpe.

_No.… no.… por favor...

Sus dedos trazan movimientos circulares en ellos.

_Ah... mmm... ahí...

Gimo sudoroso, mis pupilas pasan del color negro al rojo.

_Eso es. _Susurra contemplándome con frialdad.

Sintiendo él va y ven de sus dedos, sus palmas.

Aprieta levemente y un grito ahogado se me escapa.

_ ¿Por qué...? Yo...

Agitado me aferro al borde.

_Hermoso. _Susurra fascinada.

Noto las gotas de sudor frio por mi rostro y las puntas de mi cabello.

_Muéstrame mas.

Sus manos se pierden por mi cuerpo moviéndolas bajo la tela.

Grito y gimoteo, contoneándome torpemente.

Mis pupilas brillan desorbitadas.

_Deténgase... _Le suplico ronco y se me corta la respiración.

Inspiro y echo el aire bruscamente.

_Eres tan fascinante.

Jadeante, empapado en sudor, respiro entrecortado con la boca abierta.

_Deseo complacerla más que otra cosa en esta vida, pero...

_Shhh. _Me calla poniendo un dedo en los labios. _Tenerte y verte así es suficiente.

_Majestad, reina y señora mía... _Balbuceo delirante.

Mi mirada se desenfoca, respirando con dificultad.

Sus manos se hunden en mi cabello, por mi nuca hasta sentir sus dedos en el nacimiento de mi pelo.

_Sucumbe, ríndete. _Susurra fríamente.

Sufro una pequeña convulsión y me tapa los ojos con las manos.

Me despoja de todo, desnudando mi cuerpo.

Un gruñido escapa de mi garganta, salvaje.

Los colmillos se asoman, ensanchándome la mandíbula.

Recorre toda mi piel perdiéndose en ella, sintiendo como frota mis muslos, hasta detenerse cerca de mi entrepierna.

_Jonathan.

Dice mi nombre con una dureza en su voz y aun así tan dulce.

Respondo con frases incoherentes entre espasmos, mi mirada esta vacía, sin brillo, con las pupilas contraídas.

_Eso es... si...

Contempla fascinada como trato de detener mi transformación para no mutar delante suya.

Presta atención a las frases inconexas y se sorprende.

_Es latín.

Se detiene.

Pálido y mojado en un sudor helado, mi humanidad va volviendo.

La miro con ojos brillantes de un rojo intenso y claro.

_No.… no delante de usted... _Replico.

Aprieta fuertemente mis omoplatos.

Una fuerte convulsión y unas punzadas me golpean desde dentro.

Un grito grave y desesperado de animal acorralado brota de mí.

Los frota con fuerza.

Sufro varias arcadas.

_Se lo ruego... _Mi voz es ahora como la de un ser moribundo.

_Ábrete, deja de retenerte.

Su voz es dura y fría maquillada con un tono curioso.

Me envuelve entre sus brazos tocándome el pecho, echándome hacia atrás, contra su cuerpo.

_Aahhh... ahí... mmm... ah... _Gimoteo jadeante.

_Eres tan débil y vulnerable ante mí, puedo usarte y jugar contigo a mi antojo. _Me confiesa.

_Aun así no lo hace, no me utiliza. _Le respondo más calmado.

Sostiene mi rostro, alzándolo y besa mis labios con suavidad.

Unos gemidos agudos escapan de mi garganta y mi mano se pierde por su escote.

Nuestras bocas se mueven placenteramente, inundándolas de besos largos y profundos.

Las separamos y extasiado miro perdido al techo.

_Me haces sentir... _Le confieso.

_ ¿Cuanto? _Me pregunta susurrante al oído.

_Todo. Absolutamente.

Envolviéndonos en los brazos del otro le desnudo, entregándonos a las caricias y piropos, trepo por sus piernas, entrando en su interior, moviéndome dentro de ella.

Siento que ardo y me derrito con el roce y la unión de nuestros cuerpos, con cada uno de sus gemidos, su contoneo, tenerla excitada, verla sucumbir, enloquecernos, entregándonos desesperados, ansiosos.

Nuestros gritos resuenan por todos los pasillos y las habitaciones.

Le hago el amor desenfrenadamente, sin parar, toda la noche.

Fundiéndonos como un solo ser.

Hasta quedarnos dormidos, exhaustos, bajo el amanecer, recostado sobre ella, abrazándonos.

TERCER BORRADOR

Alexander se desgarra sus ropajes de rey, quedándose desnudo por completo.
 
Todo su reino está ardiendo en llamas, de pie sobre la que una vez fue su casa, su hogar, ha tallado un círculo con una estrella invertida y letras escritas en latín.
 
Extiende sus brazos, uno de ellos cerrado en un puño, sujetando la cabeza de una cabra decapitada que suelta con un golpe sordo a sus pies, en el centro del círculo.
 
Sus ojos almendrados se tornan de un negro que ocupan sus pupilas enteras, sin brillo alguno en su mirada.
 
La carcajada que resuena de su garganta, se convierte en un gorgojeo que termina siendo un sonido gutural.
 
Su cabellera hondea al viento, cada mechón es de un color del arcoíris.
 
Louis dejó antes de que sucediera, su trabajo de mayordomo para ofrecerle sus servicios porque la ve, aún después de fallecer.
 
Veía a una mujer de treinta años al lado del bebé de la pareja, incluso en el día de su testamento y sigue viéndola a día de hoy.
 
La amante de Alexander, su primer amor, el motivo por el que ha realizado un ritual para invocar a un ser superior, desesperado, en busca de ayuda.
 
En la mente de Jonathan aparecen los mechones coloridos, mezclándose entre sí, formando una amalgama de colores chillona y unos ojos grisáceos que van abriéndose lentamente.
 
“Su madre es la mujer que ha fallecido y Alexander es su padre.”
Gracias a Muffet y a Voldia por sus Firmas.

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